Sistema inmunitario (ser humano)

El sistema inmunitario, inmune o inmunológico es el sistema fisiológico que se encarga de proteger al organismo del ataque de agentes patógenos como virus, bacterias, parásitos, etc.

Principales órganos y estructuras del sistema inmunitario

Todos los organismos vivos se ven expuestos continuamente a sustancias que pueden provocarles daño. La mayoría de ellos se protegen a sí mismos frente a estas sustancias con distintos mecanismos que actúan de modo complementario: mediante barreras físicas, como por ejemplo la piel, o con productos o elementos químicos que luchan de modo inespecífico frente a los organismos invasores.

Los seres humanos, como el resto de animales vertebrados, además de estos mecanismos de defensa generales, también presentan un sistema de protección específico que se denomina sistema inmunitario. Está formado por una serie de órganos que trabajan conjuntamente y que tienen unas células capaces de reconocer y destruir sustancias extrañas al organismo. Esta reacción defensiva se denomina respuesta inmunitaria y es la encargada de proteger frente a agentes infecciosos como virus, bacterias, hongos o parásitos.

Sin embargo, para que un agente patógeno pueda provocar daño es necesario que la víctima sea sensible y no todos los organismos son sensibles a los mismos microorganismos. Por ejemplo, el virus que provoca el SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) en personas no es capaz de causar daño en ratones, en perros o en gatos. Del mismo modo las personas no son susceptibles a los virus de la leucemia felina, de la enfermedad del moquillo canino o de la viruela de los ratones.

Tipos de inmunidad

Todos los animales tienen un sistema primitivo de defensa frente a patógenos a los que son susceptibles o que pueden ocasionar daños. Esta defensa se llama inmunidad innata o natural e incluye dos tipos: la humoral y la celular. En la inmunidad innata humoral participan distintas sustancias defensivas que se encuentran en los líquidos corporales. Estas sustancias interfieren en el crecimiento y desarrollo de los patógenos o se unen a ellos favoreciendo su eliminación del cuerpo. La inmunidad innata celular es la producida por los fagocitos, que se encargan de destruir a los patógenos. La inmunidad innata es inespecífica, esto quiere decir que no va dirigida frente a agentes invasores concretos sino frente a cualquiera que entre en el organismo.

En los animales vertebrados (y, por supuesto, entre ellos el ser humano) existe otro tipo de inmunidad mucho más especializada, la adquirida, que se encarga de reconocer y destruir sustancias específicas. Cualquier sustancia considerada extraña por el organismo (por ejemplo, una toxina) que sea capaz de generar este tipo de respuesta defensiva se denomina antígeno y frente a cada antígeno concreto, los mecanismos de la inmunidad adquirida, a diferencia de los de la innata, son capaces de generar una respuesta inmunitaria específica.

Otra característica distintiva de este tipo de inmunidad es la denominada memoria inmunitaria, consistente en que, después de un primer contacto, cuando el agente patógeno intenta de nuevo provocar daño, la respuesta inmunitaria adquirida es más fuerte y más eficaz, debido al "recuerdo" de la experiencia previa, y lo será también en los futuros intentos de invasión. Ésta es la razón por la que en muchas ocasiones, las personas que han sufrido una determinada infección pueden quedar protegidas para siempre frente a ella. Este es el fundamento de las vacunas.

Tanto la inmunidad innata como la adquirida trabajan conjuntamente para que el nivel de protección y resistencia frente a microorganismos y otros posibles agentes dañinos sea el más elevado posible. Sin embargo, en ocasiones, los mecanismos relacionados con la inmunidad adquirida a veces pueden causar problemas al identificar como "extrañas" a determinadas sustancias (por ejemplo, el polen), provocando en tal caso reacciones alérgicas a las mismas, o generando reacciones adversas en el caso de trasplantes de órganos o tejidos, por considerarlos ajenos al organismo (rechazo).