Pulmón (ser humano)

Los pulmones son los principales órganos del sistema respiratorio de los vertebrados que toman oxígeno del aire. De naturaleza esponjosa y blanda, están ubicados en la cavidad torácica. Cada uno de los pulmones consta de millones de alvéolos que oxigenan la sangre venosa.

Vista de la cara interior de los pulmones

El ser humano cuenta con dos pulmones, los cuales ocupan casi la totalidad del tórax. El espacio entre ambos lo ocupa el corazón, los grandes vasos (la arteria aorta y la vena cava), la tráquea con las dos ramas bronquiales, el esófago y una glándula denominada timo.

El pulmón derecho es más grande que el izquierdo (56% frente a 44%). Se divide en tres lóbulos: superior, medio e inferior. El pulmón izquierdo (más pequeño debido a la presencia del corazón desplazado ligeramente a la izquierda) tiene solamente dos lóbulos. Los dos pulmones se apoyan en un músculo que sirve de separación entre el tórax y el abdomen y que se llama diafragma. Una parte muy importante de los pulmones la constituye el hilio. Es la zona por la cual entran y salen de los pulmones las vías aéreas, nervios, arterias y venas y capilares.

Los pulmones y las paredes del tórax se encuentran recubiertos por unas estructuras muy finas a modo de envolturas que se denominan pleura pulmonar y pleura parietal, respectivamente. Entra las dos pleuras existe una fina película de líquido que permite que los pulmones se muevan adecuadamente y sin rozamientos dentro de la cavidad torácica.

Existen distintas enfermedades que pueden afectar a la pleura: su inflamación se denomina pleuresía y conlleva que los movimientos respiratorios sean dolorosos. En ocasiones, el espacio entre las dos pleuras se llena de aire, lo que recibe el nombre de neumotórax y produce dificultades respiratorias.

Estructura del árbol bronquial

La estructura interna de los pulmones viene determinada por las divisiones sucesivas de las vías aéreas bajas, que en ese camino se acompañan de vasos sanguíneos. Los pulmones se dividen en tres regiones. La primera de ellas es una zona que simplemente conduce el aire desde los bronquios principales hacia estructuras más internas y viceversa. En la zona intermedia además de conducirse el aire también se empieza a producir el intercambio gaseoso. Es en la zona final donde ocurre el paso de oxígeno hacia la sangre y la recogida de dióxido de carbono para su eliminación posterior.

Estructura de los bronquios

Desde que se produce la primera división de la tráquea en dos bronquios principal es hasta que se llega a la zona del intercambio gaseoso se cree que pueden existir aproximadamente 25 subdivisiones. La primera parte del árbol bronquial sólo conduce el aire y está formada por las dos ramas bronquiales, los bronquios y los bronquiolos. Su función es calentar, humedecer y limpiar el aire inspirado y distribuirlo hacia la zona de intercambio gaseoso. A lo largo del trayecto existen estructuras microscópicas a modo de cepillos (denominadas cilios) que se encargan de impedir el paso de partículas extrañas a través del movimiento del moco. También es una zona con numerosas glándulas productoras de moco que ayudan a limpiar el aire. La última parte, con una misión únicamente de conducción, está constituida por los bronquiolos terminales. Los bronquiolos pueden tener un diámetro inferior a un milímetro. Su superficie interna está recubierta por músculo liso (aquel que el organismo no puede controlar de manera voluntaria). Cuando se producen contracciones anormales de estos músculos, el conducto por el que circula el aire se estrecha de manera importante y aparecen síntomas clínicos que se conocen con el nombre de asma bronquial.

A partir de aquí, en la parte interna de los conductos respiratorios comienzan a aparecer unas estructuras en forma de copa que se denominan alveolos y que constituyen el lugar final donde se lleva a cabo el intercambio gaseoso. A medida que continúan las divisiones en el árbol bronquial aumenta el número de alveolos, hasta que llega un momento en que todo el conducto queda formado por ellos, constituyendo lo que se denomina conducto alveolar. El sistema respiratorio termina en los sacos alveolares. El pulmón humano puede contener alrededor de 300 millones de alveolos.

En esta zona existe una íntima relación entre el aire, la sangre y el tejido (los alveolos están separados entre sí por la pared alveolar, que contiene un densa red de capilares sanguíneos y un esqueleto de fibras de tejido). La función del tejido es crear el soporte necesario para que, manteniéndose separadas, exista un contacto máximo y continuo entre las estructuras que llevan aire y aquéllas por las que circula la sangre. Este tejido se denomina parénquima pulmonar y su superficie equivale a 140 m2. Es el lugar donde el oxígeno pasa del aire a la sangre y el dióxido de carbono lo hace desde la sangre al aire.

Vasos sanguíneos, vasos linfáticos y nervios

Con respecto a la circulación sanguínea, el pulmón es un órgano complejo. Presenta dos sistemas vasculares diferentes que no son completamente independientes. La circulación pulmonar (o circulación menor) es la que permite que el oxígeno llegue al organismo. La sangre con un contenido bajo en oxígeno y alto en dióxido de carbono es transportada desde la parte derecha del corazón hasta los pulmones mediante las arterias pulmonares. Éstas entran en el pulmón acompañando a los bronquios principales y se dividen rápidamente, de un modo muy similar a como lo hacen las vías respiratorias. Después de múltiples divisiones, pequeñas arterias acompañan a los conductos alveolares para terminar formando la red de capilares en torno a los alveolos donde se produce el intercambio gaseoso. La sangre ya oxigenada procedente de los capilares es recogida por las vénulas y conducida hasta las venas pequeñas. Sin embargo, las venas ya no acompañan en su recorrido a las arterias ni a las vías aéreas. Lo hacen reuniéndose en venas de mayor tamaño que terminan dividiendo el tejido pulmonar en pequeños lóbulos. A partir de ahí, y cerca del hilio, la venas se unen y forman vasos de mayor grosor que acompañan a los bronquios. Normalmente son cuatro las venas que conducen la sangre de los pulmones hacia la parte izquierda del corazón.

El segundo sistema vascular de los pulmones se denomina circulación bronquial. Es el encargado de llevar el oxígeno y los nutrientes a las paredes de las grandes vías aéreas y a cada una de las células que forman el pulmón. Las arterias bronquiales proceden generalmente de la aorta o de la arteria intercostal. Éstas se dividen para terminar formando una red de capilares alrededor de las paredes de los bronquios y de los vasos. Una vez entregados los nutrientes y el oxígeno, la sangre es recogida por las venas pulmonares (y en mucha menor medida por las venas bronquiales) que desembocan en el hilio.

En los pulmones también existen vasos linfáticos que se encargan de recoger la linfa y de hacerla pasar por distintos nódulos linfáticos como mecanismo de filtrado antes de introducirla en el sistema circulatorio. El sistema linfático es importante, ya que la mayoría de los tumores malignos que se localizan en los pulmones pueden extenderse al resto del organismo a través de esta vía.

Las estructuras pulmonares se encuentran atravesadas por nervios pertenecientes al sistema autónomo o de control involuntario. Éstos pueden actuar sobre el diámetro de los vasos y de las vías aéreas (principalmente a nivel de los bronquios) y también regulan la producción de las glándulas bronquiales. Entran en el pulmón a través del hilio.