Herencia autosómica dominante

Este tipo de herencia se produce cuando un gen (y sólo uno) mutado que se encuentra en un par de cromosomas autosómicos, tiene la capacidad de producir un trastorno genético, aunque el otro alelo para ese carácter sea normal. Esto se debe a que la expresión del gen anormal domina sobre el otro gen situado en el cromosoma homólogo. Así, el fenotipo anómalo, es decir, la manifestación externa del gen mutado, se producirá tanto en individuos heterocigotos para ese gen (dos copias diferentes, la copia afectada domina), como, obviamente, en homocigotos (dos copias iguales afectadas), aunque la existencia de estos últimos individuos es bastante infrecuente.

La herencia autosómica dominante sigue un patrón muy característico. La anomalía o anomalías se presentan, generalmente, en cada generación de individuos. Un progenitor afectado por el trastorno genético tendrá hijos afectados y normales en una proporción o ratio 1:1, es decir, existe un 50% de probabilidades de que nazca un niño que presente la anomalía genética. Si ninguno de los progenitores está afectado por la anomalía, los hijos serán completamente sanos, pero con que sólo uno de ellos tenga el gen mutado, su transmisión a la generación siguiente es casi segura. Al contrario que la herencia ligada al sexo, la herencia autosómica dominante no distingue entre hombres y mujeres, ya que ambos pueden estar afectados por igual: los padres pueden transmitir el gen anómalo tanto a sus hijos como a sus hijas, al igual que ocurre con las madres.

Anomalías genéticas autosómicas dominantes

Las anomalías genéticas se pueden clasificar en trastornos que afectan a un solo gen, trastornos cromosómicos o trastornos multifactoriales. Las anomalías genéticas autosómicas dominantes, también conocidas como trastornos mendelianos porque siguen el patrón de herencia descrito por Mendel, entran dentro del grupo de trastornos que afectan a un solo gen. Este tipo de anomalías se produce tan sólo con que haya un alelo afectado. A pesar de esto, la frecuencia con la que estas enfermedades afectan a la población es baja, con menos de un individuo afectado por cada 200 que nacen. Entre las enfermedades autosómicas dominantes que se producen con mayor frecuencia se encuentra la hipercolesterolemia familiar, la enfermedad de Huntington, la acondroplasia y la porfiria aguda intermitente. A continuación se describen algunas de estas enfermedades.

Hipercolesterolemia familiar. Se produce por la mutación en el gen que codifica para una proteína que se encuentra en la superficie externa de la mayoría de las células del organismo, y cuya función es captar la LDL, lipoproteína que transporta el colesterol por la sangre. Como consecuencia de esta mutación, el colesterol no puede ser captado por las células y se acumula en los vasos sanguíneos, provocando arteriosclerosis (pérdida de la elasticidad de los vasos sanguíneos) y enfermedades coronarias (anginas de pecho, infartos, etc.). Es una enfermedad bastante común ya que, aproximadamente, una de cada 500 personas es heterocigota para la enfermedad, es decir, presenta un alelo mutado. Con mucha menos frecuencia (una de cada 1.000.000 de personas) se pueden encontrar individuos homocigotos, los cuales presentan enfermedades coronarias en edades infantiles.

Enfermedad de Huntington. Es una enfermedad neurodegenerativa que se presenta con una frecuencia de uno por cada 10.000 individuos nacidos. Sus síntomas comienzan a aparecer a partir de los 30 años, aunque existe la posibilidad de un comienzo más temprano de la enfermedad, mucho más grave, ya que provoca una muerte precoz. La anomalía genética se produce por la repetición de un triplete de nucleótidos concreto, el CAG, que provoca la alteración de la función de algunas proteínas, que se acumulan en las neuronas. No existe tratamiento efectivo, y la esperanza de vida no supera los 15-20 años desde el comienzo de la enfermedad.

Acondroplasia. Esta anomalía se produce en una de cada 10.000 personas, siendo provocada, en el 80% de los casos, por mutaciones espontáneas y no por la herencia del gen anómalo. La mutación del gen afecta a un receptor de membrana, que une un tipo de factor de crecimiento, llamado EGF, que estimula la división de ciertos tipos celulares. Como consecuencia, se produce un menor crecimiento del hueso cartilaginoso, provocando la aparición de diversos síntomas, como la presencia de extremidades cortas y cabeza grande. Este tipo de anomalía no pone en peligro la vida del afectado.

Porfiria aguda intermitente. Se produce por la mutación de una enzima, la porfobilinógenodesaminasa, que cataliza la síntesis de la molécula HEM, que forma parte de la hemoglobina (molécula que transporta el oxígeno por la sangre). Los síntomas que produce son, entre otros, dolor abdominal, fiebre y psicosis. Esta enfermedad se puede controlar con diversos tratamientos, aunque en un 5% de los casos es mortal.