ATP (adenosín-trifosfato)

    ATP son las siglas de adenosín-trifosfato, una molécula formada por la base nitrogenada adenina, una ribosa y tres moléculas de fosfato (PO43–). El ATP es imprescindible en el metabolismo, ya que almacena la energía liberada durante el catabolismo y la cede en los procesos anabólicos.

    La unidad estructural básica del ATP es el AMP, adenosín-monofosfato, formado por adenina, ribosa y un grupo fosfato. Si a esta estructura se le une otra molécula de fosfato (que se va a unir al grupo fosfato del AMP), se tiene ADP, adenosín-difosfato. La unión de un tercer grupo fosfato a los otros dos fosfatos del ADP, forma el ATP. En las células existen los tres tipos de moléculas, ya que se interconvierten continuamente unas en otras, mediante la rotura de sus enlaces o la unión de grupos fosfato. Sin embargo, el ATP se encuentra en una concentración mucho más elevada que el ADP y el AMP.

    La importancia del ATP radica en la gran cantidad de energía que es capaz de almacenar en los enlaces segundo y tercero que mantienen unidos los grupos fosfato. Cuando estos enlaces, denominados de “alta energía”, se rompen mediante la adición de una molécula de agua (hidrólisis), la energía almacenada se libera y puede ser utilizada en diversos procesos, como por ejemplo, las reacciones anabólicas. En este tipo de reacciones se necesita energía para sintetizar moléculas complejas, por lo que la molécula de ATP se va a romper por su tercer enlace, dando lugar a una molécula de ADP y una molécula de fosfato, y liberando así gran cantidad de energía. Por el contrario, durante el catabolismo se libera energía al descomponer moléculas complejas en otras más simples: esta energía liberada se almacena como ATP, el cual se forma a partir de la unión de un ADP y un grupo fosfato durante distintas reacciones catabólicas. El ATP además tiene una gran ventaja, y es que es capaz de desplazarse a aquellos lugares de la célula en los que se requiere energía.