Artrosis

Mano de una anciana afectada por artrosis

La artrosis, también denominada osteoartritis u osteoartrosis, es un proceso degenerativo que afecta al cartílago que recubre las articulaciones. Su progresión es lenta, causa dolor y en su fase avanzada puede llegar a ocasionar la impotencia funcional de la articulación afectada.

Se trata de una de las formas más frecuentes de reumatismo, que suele iniciarse ya en la segunda década de la vida y que, de un modo u otro, afecta a casi el 90% de la población general mayor de cuarenta años, aunque la aparición de los síntomas suele producirse a edades más avanzadas.

Los cambios degenerativos que provoca la artrosis pueden afectar en teoría a cualquier articulación, sin embargo es más frecuente observarlos en las que soportan peso (las caderas, las rodillas o la columna vertebral) y también en las de las manos.

La artrosis forma parte del proceso general de envejecimiento de la persona y, aunque no tiene cura, el tratamiento farmacológico, la fisioterapia y, en los casos graves, la cirugía pueden mejorar notablemente la calidad de vida de los pacientes.

Etiología

Desde el punto de vista etiológico, existen dos tipos de artrosis bien diferenciadas: la primaria o idiopática, que es la que se produce sin que sea posible identificar una causa que justifique la aparición de la enfermedad, y la secundaria, que es la que se debe a un proceso patológico previo. Entre los factores que pueden desencadenar una artritis secundaria, los más frecuentes son ciertas enfermedades endocrinas y metabólicas, como la gota y la diabetes, los traumatismos, la sobrecarga articular, algunos trastornos congénitos y las inflamaciones articulares previas, debidas por ejemplo a una artritis reumatoide.

Fases evolutivas

El proceso degenerativo del cartílago que protege los huesos en las zonas de máxima fricción pasa por distintas fases. En la primera, sólo se observan pequeñas fisuras en la superficie cartilaginosa, junto con un aumento de las células que la fabrican. A medida que la enfermedad progresa, el cartílago se afina cada vez más, hasta perder su acción amortiguadora. El resultado es que los huesos, sin la debida protección, rozan entre sí, lo que puede provocar alteraciones notables en la cápsula sinovial de la articulación, así como cambios en la propia estructura ósea, que agudizan el dolor y las molestias, y que pueden ocasionar la incapacidad funcional del miembro afectado.

Síntomas y signos

El síntoma principal es el dolor, que puede oscilar de leve a muy agudo y que suele coincidir o agravarse con el movimiento de la articulación. Otro síntoma frecuente es la rigidez, más acusada al levantarse y que se alivia a los pocos minutos. A veces, sobre todo en las articulaciones de la cadera y la rodilla, se pueden notar crepitaciones (crujidos). A medida que la enfermedad avanza, las articulaciones afectadas se deforman y pierden amplitud de movimientos, pudiendo incluso quedar inmovilizadas.

Tratamiento

Siempre va dirigido a aliviar el dolor y a mejorar la movilidad de las articulaciones afectadas. A estos efectos son útiles los analgésicos, como la aspirina u otros de acción similar, y los ejercicios de gimnasia, activos o pasivos. Si la enfermedad está muy avanzada, a veces el único tratamiento eficaz es el quirúrgico, con el que se implantan prótesis o se corrigen y remodelan las articulaciones lesionadas.