Artritis

Es cualquier proceso inflamatorio que afecte a las articulaciones. Se trata de un trastorno común a muchas personas, cuyo origen, evolución y significación son muy variables, y que puede ocasionar desde leves molestias articulares hasta una grave incapacidad funcional.

El tratamiento farmacológico, la fisioterapia y la rehabilitación consiguen casi siempre aliviar los padecimientos que ocasiona, aunque a veces se requiere una intervención quirúrgica para devolver la movilidad a las articulaciones afectadas.

Etiología y tipos

La artritis puede adoptar formas muy diversas, según la causa desencadenante de la afección inflamatoria. Cuando se debe a una herida o traumatismo (golpe directo, caída), recibe el nombre de artritis traumática. Esta forma suele afectar más a las rodillas, tobillos y muñecas; sus síntomas habituales son hinchazón y dolor en la articulación afectada, y a veces incapacidad funcional de la misma. Si no hay fractura, el tratamiento adecuado suele limitarse al vendaje de la articulación, reposo y administración de analgésicos para aliviar el dolor.

Otra de las formas más frecuentes es la artritis reumatoide, de causa desconocida y que afecta de forma característica a las articulaciones pequeñas de manos y pies, aunque también pueden resultar dañadas otras, como las de las rodillas, los tobillos, los codos, las caderas y los hombros. Es más frecuente en las mujeres que en los varones.

Se trata de una enfermedad crónica, que se inicia casi siempre en el adulto joven y evoluciona de forma fluctuante, con fases de aparente mejoría, en las que desaparecen casi por completo las molestias y otras de empeoramiento, con dolor grave, hinchazón y rigidez de las articulaciones afectadas.

Un rasgo típico de esta enfermedad es la simetría, es decir, que siempre que se afecta una articulación, lo hace también su simétrica en el otro lado del cuerpo. La evolución de la artritis reumatoide es impredecible, pudiendo a veces provocar deformidades importantes e incapacitación. En los niños, se la conoce como enfermedad de Still.

Cuando la inflamación está causada por la degeneración del cartílago articular debida al proceso de envejecimiento, la afección se denomina artrosis.

Esta forma es más frecuente en personas de edad avanzada y afecta sobre todo a las articulaciones que soportan peso, como las caderas, las rodillas y la columna vertebral. Su evolución es progresiva y, además del dolor, la hinchazón y la rigidez, puede producir la incapacidad funcional de la articulación afectada.

Por último, cabe mencionar las artritis derivadas de la excesiva acumulación de ácido úrico en los huesos y articulaciones (artritis gotosa), la asociada a la enfermedad de la columna vertebral (denominada espondilitis anquilosante) que si no se trata a tiempo puede generar la fusión de las vértebras, y las que tienen su origen en alguna infección generalizada del organismo, ya sea bacteriana (tuberculosis y blenorragia) o vírica (rubéola, paperas o hepatitis), que remiten al desaparecer la enfermedad que las originó.

Tratamiento

Dependiendo de cuál sea el tipo, se realizará un tratamiento específico. En el caso de la artritis reumatoide, por lo general, el tratamiento se inicia con la prescripción de analgésicos y antiinflamatorios, como aspirina u otros de composición y efectos similares, y de ejercicios de rehabilitación o fisioterapia encaminados a mejorar la función articular. Si estas medidas iniciales no dan resultado y la enfermedad progresa, está indicado utilizar otros medicamentos más fuertes, como las sales de oro inyectadas o la penicilamina, que parecen retardar el avance de la enfermedad y a veces incluso la detienen. No obstante, esta fase debe estar bajo estricto control médico, dados los importantes efectos secundarios que tienen estas sustancias.