Bioseguridad

    La bioseguridad es el conjunto de medidas de carácter preventivo que persiguen proteger la salud y garantizar la seguridad frente a la transmisión de enfermedades y la aparición de accidentes en el ámbito de la agricultura, la ganadería y las ciencias biomédicas. También tiene aplicación en el contexto militar, en relación con el almacenamiento y la conservación de muestras de microorganismos que pudieran servir de material de base para una guerra bacteriológica.

    El uso de sustancias biológicas como instrumentos al servicio del terrorismo suscita también una profunda inquietud en el terreno de la bioseguridad. Los ataques con esporas de carbunco (ántrax) en varios lugares de los Estados Unidos en 2001 pusieron de relieve la gravedad de esta clase de amenaza. El control del bioterrorismo debe complementarse igualmente con unas rigurosas normas de seguridad en el manejo de muestras biológicas potencialmente letales en los laboratorios. Algunos microorganismos altamente infecciosos como, por ejemplo, el virus de la viruela deben ser objeto de estrictas medidas de contención y prevención ante posibles fallos de almacenamiento.

    En el ámbito de las explotaciones agropecuarias, las acciones de bioseguridad se dirigen por lo común a la definición de estrategias para prevenir la introducción de agentes infecciosos en determinadas zonas geográficas. En este sentido alcanza especial relevancia el concepto de biocontención, cuyo objetivo es evitar que una determinada epidemia animal se extienda a regiones próximas. Las zoonosis pueden suponer un peligro para ecosistemas vulnerables o, en las explotaciones ganaderas, originar cuantiosas pérdidas económicas. Así ha sucedido a menudo con enfermedades como la glosopeda, muy temida por los ganaderos, y la encefalopatía espongiforme bovina (EEB), o “mal de las vacas locas”, que fue origen de una alerta zoosanitaria de extrema gravedad en Europa en las décadas de 1990 y 2000.

    En medicina, la bioseguridad se esfuerza por evitar que el personal, los pacientes y los demás miembros de la comunidad se vean enfrentados a los riesgos derivados de su exposición a agentes biológicos dañinos, agresiones físicas y químicas o accidentes mecánicos. Desde este punto de vista se persigue un triple objetivo: prevenir la transmisión de enfermedades infecciosas entre los pacientes y el personal sanitario, reducir al mínimo la exposición laboral (por ejemplo, en radiología y medicina nuclear) y dotar al personal de todos los medios necesarios para que se protejan contra las infecciones y otros riesgos. Todos estos aspectos están regulados por las normas sanitarias y laborales vigentes en los distintos territorios.

    Como principios de bioseguridad médica, los profesionales sanitarios deben cumplir con un conjunto de prácticas que se consideran precauciones universales. Una de las principales es el lavado de manos, al que habrán de proceder antes y después de realizar una exploración de los pacientes, tras retirarse los guantes al término de un procedimiento o cuando manejen instrumental contaminado con sangre u otros fluidos corporales.

    Es imperativo asimismo el empleo de elementos de protección física, ya sean los propios guantes, mascarillas, protectores faciales, blindajes contra las radiaciones ionizantes (rayos X, gamma) o incluso trajes completos sellados herméticamente frente a enfermedades infecciosas de carácter muy grave, como la asociada al virus del Ébola. El uso de agujas hipodérmicas y otro material desechable o de recipientes convenientemente cerrados para el almacén de sustancias peligrosas, el empleo en todo momento del equipo establecido y la observancia estricta de los protocolos de seguridad completan la lista de recomendaciones que permitirán reducir al mínimo los riesgos de bioseguridad en medicina. Estas precauciones son especialmente relevantes en los centros hospitalarios.