Jabones

    Productos obtenidos por saponificación de los ácidos grasos con una base fuerte, generalmente sosa, NaOH, o potasa, KOH:

    En realidad, como se puede observar en la reacción anterior, los jabones son las sales de los ácidos grasos. Cuando se usan sebos y grasas animales como materia prima, los ácidos más abundantes en ellas son el oleico, el palmítico y el esteárico, por lo que los jabones son casi siempre oleatos, palmitatos y estearatos.

    Resulta imposible determinar el origen de los jabones, pero se sabe con seguridad que eran usados en la Antigüedad, si no en la forma actual, sí a través de productos que tenían el mismo fundamento. Egipcios, griegos y romanos usaron una mezcla de aceite, ceras y esencias; los árabes utilizaban un producto similar y en Europa eran conocidos en el medievo, apareciendo en el siglo XV el famoso jabón de Marsella. Hoy día, son la base de una importante industria que los fabrica de múltiples formas, fragancias y características.

    En la práctica, la fabricación de jabones se inicia calentando en un recipiente adecuado una masa de grasas, a la que añade sosa (NaOH). Removiendo continuamente, al cabo de cierto tiempo, se forma jabón y glicerina, la cual se separa añadiendo sal. Tras una nueva cocción de la materia obtenida, añadiendo algo más de NaOH, se toma la masa que flota, se le añaden las fragancias que se desee y se coloca en moldes. Una vez enfriada, se desmolda y el jabón ya está en condiciones de ser usado.

    Los jabones poseen acción detergente, es decir limpiadora, la cual se basa en la constitución de su molécula, dotada de una cadena carbonada apolar y, por tanto, soluble en grasas y de una zona ionizada (el grupo COO- Na+), polar y, por consiguiente, hidrofílica, es decir soluble en agua.

    La suciedad sobre la piel, la ropa, etc, está cubierta por una delgada capa de grasa que, al ser apolar, no es soluble en agua. Los jabones, orientando su molécula de modo que su zona hidrofílica se sitúe hacia el agua y su zona lipofílica (apolar) se dirija hacia la grasa, provocan la emulsión de ésta, con lo que la suciedad puede ser arrastrada.

    Los llamados detergentes, usados en lavadoras, lavavajillas, etc, se fundan también en este mecanismo, aunque el grupo polar que emplean suele ser el sulfato (-SO42-) o el sulfonato (-SO3-).

    Los jabones pierden su acción detergente con las llamadas aguas duras, que son las que contienen altas cantidades de sales, especialmente de calcio y de magnesio, ya que forman con ellas carbonatos que, al no ser solubles, precipitan.

    Otro inconveniente de los jabones es que al haberse formado por reacción de un ácido débil (los grasos lo son) y una base fuerte, al disolverse, tienen una acusada reacción alcalina que puede dañar la piel de algunas personas y tejidos delicados. Por ello, en algunas situaciones, deben usarse jabones especiales que minimicen estos efectos.