Arqueobacteria

    Las arqueobacterias, también denominadas, arqueas, son un grupo de microorganismos unicelulares muy afines a las bacterias cuyo prefijo, del griego arkhaion, antiguo, hace referencia a su remoto origen evolutivo, estimado en torno a los 3.500 millones de años, por lo que se situarían como uno de los primeros antecedentes de las formas de vida sobre la tierra.

    Se trata de seres morfológicamente encuadrados en el ámbito de las bacterias, ya que presentan material genético sin núcleo diferenciado (son, en consecuencia, procariotas), y con orgánulos carentes de membranas. Una de las características diferenciadoras de las arqueobacterias es la composición de su membrana celular, que carece de un péptido, la mureína, presente en la de las bacterias verdaderas o eubacterias, y que presenta también distintos lípidos de membrana.

    Por esa razón, entre otras, el biólogo estadounidense Carl Woese estableció a principios de la década de 1990 tres dominios independientes. La distinción de tales dominios, el de las arqueobacterias, el de las eubacterias o bacterias verdaderas y el de los Eukarya o eucariotas, integrados por células con núcleo aislado por una membrana, ha adquirido creciente aceptación en la moderna sistemática biológica.

    Además de sus diferencias celulares, lo que mejor tipifica a las arqueas es su extraordinaria adaptación a ambientes extremos, bien por su salinidad o bien por su elevadas temperaturas y acidez, por lo que se definen también como bacterias extremófilas.

    Las arqueas halófilas, es decir, con afinidad por los ambientes salinos, pueden vivir en medios acuáticos con concentraciones de sal superiores al 12%, muy superiores a las del agua de mar normal y que sólo se encuentran en lugares como el mar Muerto, en Israel, o el Gran Lago Salado, en los Estados Unidos.

    Por su parte, las termoacidófilas, con afinidad por ambientes de altas temperaturas y elevada acidez habitan, por ejemplo, en las aguas que emanan de las fuentes termales conocidas como chimeneas submarinas, formadas en el lecho marino y que constituyen puntos a través de los cuales el magma del interior de la Tierra fluye a través de mínimas fracturas de la corteza terrestre, transformadas en puntuales fuentes de aguas a temperaturas próximas a los 100 ºC, con altas concentraciones de compuestos azufrados muy ácidos.

    Otras arqueobacterias viven en ambientes anaerobios y producen metano. Se han detectado en la cavidad abdominal de los rumiantes, en aguas pantanosas y en plantas de tratamiento de aguas residuales.

    Desde el punto de vista sistemático, se han reconocido cuatro phyla o troncos dentro del dominio de las arqueas, siendo los dos que agrupan a la mayor parte de ellas el de las Crenarcheota, mayoritariamente halófilas, y el de las Euryarchaeota, termoacidófilas o metanógenas.

    En el marco de la teoría de la evolución de la biosfera las arqueas parecen constituir un vestigio de la adaptación a las condiciones en las que se comenzaron a gestar las primeras formas de vida.