Guerra de patentes

    Denominación genérica y coloquial aplicada a las disputas o litigios entre empresas, corporaciones o individuos por garantizarse los derechos de patente de una invención y sus eventuales beneficios económicos. Una patente se define como un conjunto de derechos exclusivos que un organismo regulador reconocido otorga a un inventor o a sus representantes para un periodo de tiempo limitado durante el cual podrá beneficiarse de los rendimientos económicos y de otro tipo derivados del invento en cuestión. Las patentes constituyen una forma de propiedad intelectual e industrial.

    En el transcurso del desarrollo de la tecnología, en ocasiones se producen casos en los que un mismo invento es desarrollado de forma paralela por distintas personas o corporaciones. También se han presentado invenciones que, aun compartiendo algunos de sus rasgos generales, difieren en determinados aspectos de manera que no resulta sencillo determinar la magnitud de su originalidad intrínseca. En situaciones de discordia o controversia, los organismos reguladores de la concesión de patentes elaboran informes expertos en los que valoran preferentemente el grado de novedad y actividad inventiva de cada patente sujeta a examen y dictaminan a quién corresponde la titularidad de los derechos. Aun así, algunos litigios no se resuelven por esta vía y conducen a denuncias ante los tribunales, a raíz de las cuales son objeto de dictámenes jurídicos pormenorizados dentro de las distintas jurisdicciones afectadas.

    En la historia del registro de inventos existen ejemplos célebres de disputas de patentes. Para proteger sus derechos sobre el invento del aeroplano, los hermanos Wright se querellaron contra otros pioneros de la aviación estadounidense, lo cual causó perjuicios a la industria aeronáutica nacional hasta que se alcanzó un acuerdo negociado entre las partes. A su vez, Alexander Graham Bell, acreditado como inventor del teléfono, hubo de litigar durante años contra varias subsidiarias de la compañía de telégrafos Western Union para hacer valer sus derechos de propiedad intelectual.

    Los rápidos avances tecnológicos de los siglos XX y XXI se acompañaron de una enorme proliferación de patentes concedidas para numerosos inventos. Con la aparición de la tecnología digital y la enorme eclosión de la informática y las telecomunicaciones, y sus poderosas industrias asociadas, abundaron inevitablemente los litigios en torno a dichas patentes. Las interfaces gráficas de usuarios en las computadoras personales, los programas antivirus, los avances en la industria de la automoción y las telecomunicaciones, las cámaras digitales o los medicamentos fueron objeto de disputas y duras batallas, a escala nacional e internacional, ante los tribunales y los distintos organismos reguladores.

    En los últimos años cobró especial relevancia la guerra de patentes establecida entre distintos fabricantes de tecnología para teléfonos móviles inteligentes (smartphones). A finales de la década de 2000, Apple y Nokia se enzarzaron en una sucesión de demandas y contrademandas para proteger sus respectivas patentes en esta tecnología. Un caso semejante sucedió entre Microsoft y Motorola, enfrentadas judicialmente. También Apple y la coreana Samsung litigaron por la prioridad de sus patentes en el campo de la telefonía inteligente, en varios procesos que afectaron asimismo a Google y a la comercialización de su sistema operativo Android. La magnitud del negocio de las telecomunicaciones explica la aspereza e insistencia de los enfrentamientos hostiles entre rivales comerciales.

    En el sector farmacéutico, la protección de las patentes dio origen a otro tipo de conflicto. Varios Gobiernos del mundo, entre ellos los de Sudáfrica y la India, se resistieron a aceptar los extensos plazos de protección de patente aplicados a numerosos medicamentos, cuyo alto precio en el mercado obstaculizaba seriamente su uso por amplias capas empobrecidas de la población. Para abaratarlos, la industria farmacéutica de estos países optó en algunos casos por fabricar variantes de dichos fármacos, de tipo genérico y exentas de derechos de patente, lo que motivó la demanda de las compañías farmacéuticas multinacionales afectadas.

    A modo de ejemplo significativo, en abril de 2013 el Tribunal Supremo de la India dictó sentencia favorable a los fabricantes indios frente a la multinacional suiza Novartis en la disputa por la patente del mesilato de imatinib, el principio activo de un medicamento contra el cáncer. El dictamen del tribunal fue recibido muy favorablemente por las autoridades indias, cuya industria abastecía no sólo a su propia población sino también a la de otros países próximos con baja renta per cápita. Los portavoces de Novartis advirtieron, por su parte, de que la sentencia obraría en contra del desarrollo de nuevas patentes, dado que oscurecía el horizonte económico para el retorno de las inversiones industriales en el sector.