Pintura neoclásica

    Retrato de María Josefa de Lorena realizado por Anton Rafael Mengs.

    A diferencia de lo que ocurrió en la escultura y en la arquitectura, la pintura durante el Neoclasicismo no tuvo apenas referencias para los artistas. Tan sólo la decoración de las cerámicas o los bajorrelieves antiguos pudieron servir de inspiración a los pintores cultivadores de este nuevo estilo.

    La pintura neoclásica se caracterizó, en términos generales, por la precisión, simetría y equilibrio espacial; por la importancia concedida al dibujo, la ausencia de ornamentación y la iluminación neutra y fría; por la aparición, en muchos casos, de detalles arqueológicos; y por la importancia que se le daba al tema por encima de todo.

    El fresco del Parnaso (1761) para el techo de la Villa Albani del pintor y teórico español Antón Rafael Mengs (1728-1779), es quizá el primer ejemplo de pintura neoclásica. Con esta obra Mengs sintetizó las teorías neoclásicas, llevando a cabo una estética alejada del colorismo y efectismo típicos del Barroco. El conjunto se caracteriza por la simetría, la frialdad racional, la ausencia de profundidad y perspectiva y la búsqueda de la perfección propia de las esculturas clásicas. Admirador de Rafael Sanzio y protegido del rey Carlos III, Mengs realizó también importantes retratos, como los de Carlos III, María Amalia de Sajonia y Carlos IV y María Luisa de Parma; y escribió el tratado, Reflexiones sobre la belleza (1762).

    El francés Joseph M. Vien (1716-1809) practicó una pintura ecléctica, al inspirarse, por un lado, en piezas clásicas antiguas como el Mural de Herculano para su Venta de Cupidos (1763), y por otro en viejos maestros como Rafael, Correggio, los Carracci o Nicolas Poussin. Su estilo despreciaba los detalles banales y otros elementos que desviaran la atención del tema principal.

    El gran maestro de este periodo en Francia fue Jacques-Louis David (1748-1825), que con obras de la calidad de Belisario recibiendo limosnas (1780) y el Juramento de los Horacios (1784) se erigió como la figura máxima del lenguaje neoclásico.

    Jean Baptiste Greuze (1725-1805) destacó como pintor de género y retratista, siendo uno de los más célebres pintores de la escuela francesa del siglo XVIII. Se le considera el padre del gusto por la pintura de escenas de anécdotas sentimentales y moralizante, como El padre leyendo la Biblia a sus hijos (1755), La bendición paternal o El niño llorando la muerte de su madre. También le interesó llevar a cabo escenas de ambiente rural en las que se enaltecían las virtudes domésticas, como demuestran Novia de aldea (1761) o El hijo pródigo (1778).

    Otro género que destacó en este periodo fue el de temas de historia contemporánea, llevado a cabo por pintores como Benjamín West (1737-1820) en La muerte del Capitán Wolfe (1770).

    A la altura artística de David podría situarse también el francés Jean Auguste Dominique Ingres (1780-1867). Aunque el estilo de Ingres es de clara ascendencia neoclásica, conforme su pintura fue madurando demostró una ambigüedad que lo podrían en la estela romántica. Su formación incluyó una rica estancia en el estudio de David, que fue quien lo introdujo en el lenguaje neoclásico. Ingres destacó también como retratista, a la vez que realizó temas mitológicos, históricos, de ensalzamiento de Napoleón así como un amplio repertorio de dibujos y pinturas de desnudos femeninos. Entre sus cuadros más famosos están El baño Turco, Edipo y la esfinge, La gran Odalisca, La bañista de Valpinçon; los retratos de Monsieur Bertin, de la Familia Riviere, Carolina Bonaparte y de Napoleón en el trono imperial; Los embajadores de Agamenón en la tienda de Aquiles o Pío VII en la Capilla Sixtina.

    El Neoclasicismo en Inglaterra siguió un rumbo bien diferente del francés, debido a que las causas ideológicas que lo originaron eran otras que las del país galo. A diferencia de éste, Inglaterra ya había tenido su propia revolución con Cromwell y disfrutaba de un sistema parlamentario desde hacía ya décadas, así como de una prosperidad económica que se reflejó en el gran número de retratos de la alta burguesía y aristocracia del momento.

    Sir Joshua Reynolds (1723 – 1792) fue uno de los más importantes pintores del Neoclasicismo inglés. Su formación incluyó una amplia cultura sobre todo en lo referente al estudio de la historia y en especial de la obra de Rafael en las estancias del Vaticano. Reynolds fue el gran retratista de la nobleza inglesa y el más destacado representante en su país de este género, a la vez que el creador de la “gran manera” o “manera inglesa”, caracterizada por la idealización de la realidad y la tendencia artística de recurrir a las fuentes clásicas. Hasta 1790, año en que, por una enfermedad, se quedó ciego, pintó retratos tan célebres como la Condesa Spencer y su hija Georgiana (1760), El Eclesiástico (hacia 1775), Georgiana, duquesa de Devonshire, y su hija (1786), Miss Maria Gideon y su hermano William (1788) o Mrs. Musters como Hebe (1788).

    Thomas Gainsborough (1727 – 1788) fue otro excelente pintor inglés que supo desarrollar tanto la pintura de paisajes como el retrato. En el género paisajístico, sus influencias las tomó de los Paises Bajos; primero del holandés Ruisdael, para más tarde interesarse por el toque dinámico y rápido de Pedro Pablo Rubens. Conforme su estilo fue madurando, los paisajes fueron siendo más fantásticos, sin por ello perder la riqueza de color que siempre los caracterizó. Como retratista fue el gran rival de Reynolds, siendo preferido por el rey, que lo nombró pintor oficial en 1784. Comenzó siguiendo el estilo de Antoon Van Dyck, para desarrollar un retrato caracterizado por la elegancia de los modelos, que encuadraba en paisajes imaginados. Aunque Gainsborough era menos profundo y su pintura más mecánica que la de Reynolds, supo captar mejor el parecido de los personajes, de ahí quizá el mayor éxito que tuvo con la realeza. En algunos de sus cuadros más tardíos, también mostró un interés por la obra de Bartolomé Murillo, como demuestra el cuadro La niña con cerdos (1782). Entre sus mejores obras se encuentran Robert Andrews y su esposa (1749), Vista cercana a la costa (1753), William Wollaston (1758), El niño azul (1770), Reverendo Sir Henry Bate-Dudley (1780) o Lady Bate-Dudley (1787).

    En un momento en el que la pintura había alcanzado altas cotas de eclecticismo, surgieron, por el contrario, unos artistas interesados en representar mundos irreales. imaginados y fantásticos provenientes del subconsciente, rasgos que los situarían en los umbrales del Romanticismo.

    William Blake (1757-1827) poeta, pintor y grabador inglés, estuvo considerado uno de los más destacados artistas británicos del momento. Desde el punto de vista plástico, pronto tomó posiciones en contra de la estética típicamente neoclásica defendida por el director la academia Joshua Reynolds, a pesar de que en su formación influyeron artistas de corte más clásico como el escultor John Flaxman y el pintor y escritor Henry Fuseli, así como la obra de Rafael, Miguel Ángel y Alberto Durero. Su rechazo de los principios neoclásicos incluyó la defensa de la imaginación sobre la razón, el deprecio de la observación de la naturaleza y el apego a un mundo interior. Blake, lejos de interesarse por la estatuaria clásica, puso sus ojos sobre la de los sepulcros medievales. Pero también adoptó un trazo lineal y rítmico similar al de Miguel Ángel, de quien también tomó el uso de escorzos y la representación de la musculatura, como demuestra en su grabado El anciano de los días. Los temas de su pintura giraron siempre en torno a la religión, realizando ilustraciones y grabados para obras suyas, de John Milton o de John Bunyan; pero también se acercó a temas paganos a la hora de ilustrar la edición de los poemas de Thomas Grey, y ejecutó gran número de acuarelas para acompañar las Ideas nocturnas de Edward Young.

    Henry Fuseli o Füsli (1741-1825), pintor y escritor inglés nacido en Suiza, al contrario que Blake, se acercó a la obra de Reynolds y tradujo las obras de Winckelmann, considerado el gran teórico del neoclasicismo. Para sus temas, se inspiró también en la obra de Milton, así como en la Biblia, las obras de William Shakespeare y el mundo clásico antiguo. Como escritor, destacan sus Lectures, una serie de doce volúmenes sobre arte y estética.

    Esquema de la Pintura neoclásica

    El Neoclásico ocupa los siglos XVIII y XIX. Las principales características de la pintura neoclásica son la precisión, simetría y equilibrio espacial; la importancia concedida al dibujo; la ausencia de ornamentación y la iluminación neutra y fría.

    El fresco del Parnaso (1761) para el techo de la Villa Albani del español Antón Rafael Mengs es el primer ejemplo de pintura neoclásica.

    Los grandes maestros de este periodo fueron los franceses Jacques-Louis David y Jean Auguste-Dominique Ingresy los ingleses Sir Joshua Reynolds, Thomas Gainsborough y William Blake.