Alberto Durero

Detalle de "Los cuatro apóstoles”, obra del pintor alemán Alberto Durero

Alberto Durero (Albrecht Dürer, 1471-1528), pintor, dibujante, grabador y teórico del arte alemán, fue uno de los personajes más influyentes del entorno artístico europeo renacentista a lo largo del siglo XVI. Entre sus obras más conocidas están Adán y Eva o La liebre.

Alberto Durero nació el 21 de mayo de 1471 en Nuremberg (Alemania). Inició su formación con su padre, que era orfebre, y a los 15 años entró en el estudio del pintor y grabador Michael Wolgemut.

Durante esta época trabajó de forma especialmente intensa el dibujo, posiblemente porque entre 1488 y 1493 su maestro recibió el encargo de realizar unas xilografías para ilustrar la Crónica de Nuremberg (1493), y Durero fue el responsable de hacer los dibujos para las planchas de madera.

Tras concluir sus estudios, en 1492 emprendió una serie de viajes que lo llevarían por Basilea y Estrasburgo, ciudades en las que trabajó como ilustrador para varias publicaciones. Durante estos años de aprendizaje, sus obras mostraron una enorme soltura a la hora de afrontar el dibujo y una especial sensibilidad para el detalle, lo que se puede observar en sus primeras obras importantes, una serie de autorretratos realizados entre 1484 y 1493.

En 1494, y tras contraer matrimonio, Durero viajó a Italia, donde quedó fascinado por la riqueza artística y el paisaje, que representó en delicadas acuarelas como la Vista del castillo de Trento. Tras su retorno a Nuremberg en 1495, comenzó a adquirir fama a través de grabados como La gran fortuna y La caída del hombre, o de las xilografías para ilustrar el Apocalipsis.

Estas obras muestran el nivel de perfeccionamiento que Durero había alcanzado ya con el grabado, tanto a nivel técnico como de capacidad para representar con detalle y realismo la naturaleza y las proporciones humanas. Otro rasgo característico de Durero fue la obsesión que tuvo por llevar más allá el concepto de artista, el cual debía ser considerado superior al de artesano. Esta idea la expresó a través de sus primeros autorretratos, pintados alrededor de 1500, donde aparece ennoblecido y en los cuales se le ve también representado con atributos que lo asemejan a Cristo.

En 1502 dibujó una de sus obras más conocidas, La liebre, que constituye uno de los muchos apuntes del natural que Durero tomó a lo largo de su carrera. El naturalismo con la que la ejecutó mostraba la gran capacidad de observación del artista, que reprodujo con minuciosidad cada pelo y detalle del animal por mínimo que fuese, demostrando su pasión por la naturaleza y los seres vivos.

Entre 1505 y 1507 Durero volvió a Italia. En Venecia conoció a los más importantes artistas de la ciudad, en especial a Giovanni Bellini. También recibió el encargo de hacer un retablo para la iglesia de San Bartolomé, La fiesta del Rosario.

En Nuremberg continuó su producción de retablos y tablas, como la de la Adoración de la Trinidad o la de Adán y Eva, esta última representada con enorme gracia y encanto. También pintó retratos y continuó haciendo grabados, con los que logró unos niveles de contraste lumínico, volumen y textura de materiales sin precedente. Ejemplos de esta producción fueron la serie de la Pasión de Cristo, San Jerónimo, El caballero, la muerte y el diablo y La melancolía; y xilografías como las dedicadas al Arco del triunfo.

Con la muerte de Maximiliano I en 1520, preocupado por perder la asignación económica que recibía del emperador, Durero viajó a Aquisgrán para ganarse los favores de Carlos V, que iba a ser coronado allí como nuevo emperador, un objetivo que consiguió gracias a la afición y gusto por el arte que caracterizó siempre a la dinastía de los Austrias.

Antes de volver a Nuremberg viajó a los Países Bajos y visitó Amberes. De su última época hay que destacar un San Jerónimo (1521), santo que representó en varias ocasiones, y dos grandes tablas en las que figuran Los cuatro apóstoles (h. 1526).

Durero murió el 6 de abril de 1528 en Nuremberg.