Adriano

Publio Elio Adriano (76-138 d.C.), emperador romano entre el año 117 y el 138. Durante su mandato renunció a continuar la expansión del Imperio romano y se dedicó fundamentalmente a consolidar sus fronteras, pacificando las provincias y creando instituciones que permitieran administrarlo. Su interés por la cultura le llevó a ejercer de mecenas de todas las artes.

Primeros años

Adriano nació el 24 de enero del año 76 en el seno de una poderosa familia originaria de Hispania. A la muerte de su padre, cuando contaba diez años, fue acogido bajo la protección de su tío Trajano, que se convertiría en emperador en el año 98. Estudió en Roma, y fue ocupando los diferentes cargos (cursus honorum) de los que se componía la carrera política en Roma. Fue cuestor, magistrado, tribuno de la plebe, pretor y alcanzó el cargo máximo de cónsul en el año 108. Durante estos años acompañó a Trajano en sus campañas en Dacia (102), en las fronteras del Danubio, y luego en Siria contra los partos. También fue arconte (magistrado) en Atenas (112), lo que permitió impregnarse de la cultura griega, cuyo influjo marcaría su reinado. Trajano lo adoptó como hijo, según la costumbre, colocándolo así en una buena posición para sucederle. Además años antes se había casado con una sobrina-nieta suya. A la muerte de Trajano (117) fue proclamado emperador por el ejército y el senado romanos.

Fin de la expansión del Imperio romano

El imperio había alcanzado con Trajano su extensión máxima; Adriano decidió abandonar las provincias más alejadas tanto en oriente como occidente y se dedicó fundamentalmente a pacificar el imperio y a reforzar sus fronteras. Para este fin, viajó por todas las provincias del imperio y en los territorios más conflictivos selló nuevas alianzas con los líderes locales. En Britania levantó un muro de piedra que simbolizaba el fin de los afanes expansionistas y fijaba los límites imperiales. Construyó asimismo fortalezas en otros puntos para preservar a Roma de ataques o invasiones.

Política interna

En la política interna, Adriano emprendió numerosas reformas administrativas, legislativas y económicas para organizar eficientemente el imperio: creó instituciones para centralizar el poder, unificó toda la jurisprudencia existente mediante el Edicto Perpetuo (año 131), promulgó medidas que favorecieran a los pequeños colonos y ordenó que los legionarios tuvieran como destino sus provincias de origen.

Las provincias romanas vivieron una época de gran prosperidad. Aun así hubo de enfrentar conspiraciones internas y algunas cruentas rebeliones como la que se produjo en Judea (132-135) ante el intento romano de levantar una colonia sobre las ruinas de Jerusalén. El emperador acudió personalmente para sofocarla, aunque la victoria costaría miles de muertos y la diáspora del pueblo judío. Los últimos años de su vida los pasó en Roma acuciado por la enfermedad y las intrigas en torno a su sucesión. Murió el 10 de julio del año 138 en Bayas, en las cercanías de Nápoles. Le sucedió su hijo adoptivo Antonino Pío.

Adriano, mecenas de las artes

La labor de Adriano en el terreno de la cultura y las artes fue constante. Protegió y ayudó económicamente el desarrollo artístico y, en particular, el arquitectónico con la construcción de numerosos edificios, entre ellos su mausoleo, el que hoy es el castillo de Sant'Angelo. Creó en torno a su persona una corte de artistas y pensadores e hizo de su villa junto a la actual Tívoli un auténtico museo de las construcciones y piezas más representativas de las provincias romanas.

La vida del emperador Adriano fue recreada por la escritora belga, Marguerite Yourcenar, en una novela titulada Memorias de Adriano (1951).