Acidificación del suelo

El arrastre de contaminantes suspendidos en la atmósfera provoca la acidificación de los terrenos, provocando la muerte de la flora existente, tal y como se puede ver en este bosque de la República Checa.

Incremento de la concentración de iones de hidrógeno (H+) en los suelos.

En el ámbito biogeoquímico tiene especial importancia el control del proceso de acidificación. Al igual que sucede con la formación y la erosión de los estratos superficiales, su acidificación también tiene lugar de manera espontánea, por el arrastre de iones con el agua de lluvia o por la descomposición microbiana de los organismos que conforman el componente biológico de los suelos.

Sin embargo, la acidez puede ser inducida por el uso abusivo de fertilizantes acidificantes y por efecto de la contaminación a través de la lluvia ácida. Así se llama a la precipitación que arrastra los contaminantes suspendidos en la atmósfera, sobre todo dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno, debido a las emisiones de productos derivados de los combustibles fósiles. Otras causas como la reforestación de zonas incendiadas de bosque con coníferas hacen aumentar también la acidez del terreno.

Entre los efectos perniciosos que conlleva la acidificación están la lixiviación o arrastre de compuestos ácidos a las aguas corrientes o subterráneas, la disminución de la fertilidad de las tierras agrícolas y la reducción de la capacidad de amortiguación y filtración de los suelos. Ello puede facilitar en gran medida la contaminación de los cauces de agua.

Igualmente, este fenómeno supone una descompensación de la biodiversidad vegetal del entorno, dado que da prioridad al desarrollo de especies acidófilas en detrimento de las que no lo son. Así, el adecuado control biogeoquímico de los procesos relacionados con la modificación del equilibrio natural de los suelos resulta de importancia esencial para la preservación del medio vegetal y, en consecuencia, del ecosistema, en especial en bosques, pastizales y tierras de cultivo.