Administración virreinal (América colonial)

Lámina cartográfica de la Audiencia de La Plata de las Charcas.

La incorporación de los nuevos territorios coloniales a la monarquía hispánica obligó a esta a construir un complejo sistema administrativo apoyado en una intrincada burocracia y que, aunque rígido, dio cierta autonomía a las iniciativas locales debido, en gran parte, a la lentitud de las comunicaciones atlánticas.

La organización administrativa

La administración propiamente dicha de las colonias se estructuró, básicamente, en tres organismos que buscaban reflejar la organización de los reinos peninsulares. Estas tres instituciones fueron el Consejo de Indias, el Virreinato y las audiencias. Su actuación se completaba con la de las autoridades locales: los corregidores, los alcaldes mayores, los alguaciles y los justicias.

El Consejo de Indias

Al frente de toda la administración colonial se encontraba el Consejo de Indias, que apareció por primera vez bajo esa denominación en 1524. El Consejo residía en España y estaba formado por doce consejeros vitalicios –nombrados directamente por el rey– y un presidente. Promulgaba leyes locales o generales para toda América y era el intermediario entre el rey y sus colonias, así como el encargado de proponer al monarca los virreyes y demás altos cargos de la administración colonial. Las leyes se recopilaron en diversos cedularios como el de Vasco de Puga o Diego de Encinas. Bajo Carlos II se promulgó una Recopilación de las leyes de los reinos de Indias (1681).

Los virreinatos

Correspondió a Carlos V la fundación de los dos primeros virreinatos: el de la Nueva España (1535) y el del Perú (1542). El primero tenía su capital en la ciudad de México y lo integraban el actual territorio mexicano, Cuba, Centroamérica, California, Arizona, Texas y Nuevo México, más Filipinas cuando ésta se conquistó; el segundo tuvo su capital en Lima y estuvo formado por los actuales Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile. En el siglo XVIII el Virreinato del Perú se dividiría para su mejor administración, dando nacimiento a los del Río de la Plata (parte de Bolivia, la Argentina, Uruguay y Paraguay), con capital en Buenos Aires, y Nueva Granada (Colombia, Venezuela y Panamá), cuya sede de gobierno se asentó en Bogotá.

Centros administrativos en el Nuevo Mundo.

El virrey era el representante personal del monarca y se encontraba al frente de toda la administración. Desempeñaba las funciones de presidente de la Real Audiencia, capitán general, gobernador, vicepatrono de la Iglesia y superintendente de la Real Hacienda.

A efectos jurídicos, los virreinatos creados en la América española fueron considerados como reinos de pleno derecho, es decir, se encontraban en un plano de igualdad con respecto a los reinos peninsulares de la monarquía. Ello llevó a la casa de los Austrias a respetar hasta cierto punto las formas de organización política y social internas a cambio de percibir una serie de ingresos anuales y del sometimiento de los intereses económicos y políticos coloniales a los de la metrópoli.

Las audiencias

La Audiencia funcionaba como un concejo permanente que debía controlar la actuación del virrey, proteger a los indios y resolver los asuntos de interés general. Poseían amplias facultades judiciales y administrativas y ejercían su control sobre amplios territorios.

Fueron las primeras entidades de gobierno que se fundaron en el Nuevo Mundo. La más antigua fue la de Santo Domingo (1511), a la cual siguieron las audiencias novohispanas de México (1527), Guatemala (1543) y Guadalajara (1548). Por su parte, en el Virreinato del Perú se establecieron las audiencias de Panamá (1538), Lima (1543), Santa Fe de Bogotá (1548), La Plata de las Charcas (1559), Quito (1563), y Santiago de Chile (1609).

Las reformas borbónicas

Este sistema administrativo fue ampliamente reformado por los Borbones tras su llegada al poder en 1714. Ese mismo año, se aprobó la creación de una Secretaría de Despacho de Indias (1714) en sustitución del Consejo de Indias. Esta nueva institución se mantuvo ligada a la Secretaría de Marina hasta 1776. Paralelamente, se anuló la venta de cargos públicos como forma de combatir la corrupción, al tiempo que se instauró la designación por aptitudes y se reformaron diversos puestos de la administración. Asimismo, los funcionarios fueron sometidos a juicio de residencia para terminar con las prácticas ilícitas.

Más importante fue, sin embargo, la división territorial y administrativa llevada a la práctica por los Borbones tanto a nivel continental como a nivel regional. Tal decisión se basó en un mejor conocimiento de la realidad y la geografía americanas, así como de los problemas políticos, económicos y hacendísticos que aquejaban a la sociedad del nuevo continente. Para ello, la Corona encomendó a José Gálvez realizar una serie de visitas entre 1765 y 1771 por la mayor parte de la Nueva España y otros puntos del imperio americano.

La reforma de los virreinatos

De esta suerte, se crearon dos nuevos virreinatos. El primero fue el de Nueva Granada (1717), constituido por los territorios de las audiencias de Santa Fe, Panamá y Quito, los cuales se encontraban hasta entonces dentro del Virreinato del Perú. La capital se instauró en Santa Fe de Bogotá y el principal objetivo era vigilar el Caribe y el istmo de Panamá.

El segundo, formado a instancias de José de Gálvez, fue el Virreinato del Río de la Plata (1776). Se constituyó con los actuales territorios de la Argentina, Uruguay, Paraguay y buena parte de Bolivia y su capital se estableció en Buenos Aires. La decisión obedeció a un doble objetivo: acabar con el contrabando y combatir el expansionismo portugués que se desarrollaba desde Brasil.

La creación de los nuevos virreinatos llevó a su vez a la formación de las audiencias de Buenos Aires y Caracas.

Así mismo, se crearon instituciones intermedias como la Comandancia General de las Provincias Internas de la Nueva España, organismo cuyo objetivo era conceder cierta autonomía y un mando único a las provincias septentrionales de Coahuila, Sonora, Nueva Vizcaya, California, Nuevo México y Texas; con ello se pretendía someter a los grupos indígenas, fomentar la colonización y detener el expansionismo inglés –y posteriormente norteamericano–. También correspondió a Gálvez la creación de la Capitanía General de Venezuela –integrada por las regiones de Caracas, Maracaibo, Cumaná, Margarita, Guyana y Trinidad–.

Las intendencias

En el ámbito regional, la política borbónica cristalizó en la creación de nuevas unidades administrativas denominadas intendencias. Puestas bajo la jurisdicción de un militar en activo con atribuciones militares, judiciales, políticas, administrativas y fiscales, las intendencias pretendían hacer más eficiente la administración del territorio y, sobre todo, relegar a un segundo plano a las autoridades tradicionales.

El intendente poseía un poder semejante al del virrey y en cualquier caso superior al de los corregidores y alcaldes, por lo que se convirtió en un agente directo de la Corona. A las intendencias establecidas en Cuba (1764) siguieron las de Venezuela (1776), Río de la Plata (1782), Nueva España (1786) y Guatemala (1790). En la mayoría de las ocasiones estas intendencias fueron el origen de las entidades administrativas regionales de las naciones latinoamericanas al acceder a la vida independiente en el siglo XIX.

El ejército colonial

Con la finalidad de aplacar los diversos movimientos de disconformidad criolla y los motines generados por el aumento de precios, así como de combatir las incursiones francesas, portuguesas e inglesas, la Corona decidió crear un ejército permanente. Originalmente estuvo integrado sólo por peninsulares, pero a lo largo de la centuria se abrieron espacios de participación para los criollos. Éstos fueron acogidos como cadetes en las academias militares hispanas y pudieron acceder a los mandos medios; muchos de ellos, como Simón Bolívar o Ignacio Allende, participarían activamente en los movimientos independentistas del siglo XIX. La colaboración de los grupos indígenas en estos ejércitos fue esporádica y se reservó a casos de extrema necesidad.