Ahorro de alumbrado

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Mejora del sistema de producción artificial de luz, a fin de evitar el despilfarro energético.

La necesidad del hombre de poder ver en la oscuridad le llevó a concebir procedimientos de creación de luz por medios artificiales. El primer sistema que ideó fue el empleo del fuego en antorchas; luego, éstas se vieron sustituidas por las lámparas que empleaban diversos combustibles, como alcohol, petróleo o gas, pero la verdadera revolución en el alumbrado artificial se logró en 1879, cuando Thomas Alva Edison inventó el alumbrado por incandescencia.

Este sistema se basa en hacer circular la corriente por un filamento metálico. Como consecuencia, dicho filamento se calienta y termina por ponerse al rojo blanco, en cuyo momento emite luz. Debido a la alta temperatura a que se ve sometido, para evitar su combustión, debe hallarse en el interior de una ampolla, y en el seno de un gas inerte.

En este sistema de producción de luz, un tremendo porcentaje de la energía eléctrica que se emplea se disipa en forma de calor, sin que haya aprovechamiento alguno de ella, lo que supone un evidente despilfarro energético. No obstante, un considerable número de usuarios sigue utilizando este sistema de alumbrado.

Una mejora del mismo se halla en los tubos fluorescentes, los cuales basan su funcionamiento en la emisión de la luz que se origina en un gas enrarecido cuando en el seno del mismo se efectúan descargas eléctricas. Se trata de un sistema que, si bien en el arranque tiene mayor consumo que las lámparas de incandescencia, en su mantenimiento a lo largo del tiempo precisa de una mucha menor cantidad de energía eléctrica para su funcionamiento. Es, por tanto, un método de iluminación muy aconsejable para lugares en los que se mantiene luz artificial, sin apagarla ni encenderla, durante largos periodos, como es el caso de aulas, oficinas, etc.

La última innovación tecnológica en el ahorro de alumbrado se halla en las lámparas CFL, designación que es el acrónimo de los términos ingleses Compact Fluorescent Lamp. Su fundamento es el mismo que el de los tubos fluorescentes, pero representan un sistema de mejores características técnicas que las que poseen éstos.

Su invención se debe al norteamericano Edward Hammer, quien, en 1976, ideó un tubo fluorescente que, en contra del diseño rectilíneo habitual de estos dispositivos, adoptaba una forma espiral, con lo que ocupaba un reducido espacio, a la vez que sus prestaciones eran muy superiores a las de una bombilla de incandescencia equivalente.

Aunque estas lámparas no se popularizaron (debido, sin duda, a su elevado coste de producción), la promoción que hizo de ellas el gobierno norteamericano hacia 1980 y la mejora de las tecnologías de fabricación permitieron producirlas a un coste más asequible, el cual, paulatinamente, ha ido disminuyendo.

Las partes fundamentales de una lámpara CFL son:

Tubo:tiene forma de U invertida, presentando un calibre de unos 6 milímetros y una longitud que es función de la potencia de la lámpara. En sus extremos libres, aloja dos filamentos de tungsteno, cuya misión es activar el vapor de mercurio que contiene, junto a gases nobles enrarecidos. Los más empleados de estos últimos son el kriptón, el argón y el neón. Para mejorar su efecto, el tubo se halla recubierto interiormente de una delgadísima capa de fósforo.

Balasto:es un dispositivo electrónico que aporta la tensión necesaria para que la lámpara pueda entrar en funcionamiento. Además, una vez encendida, controla la intensidad de la corriente que ingresa en el tubo. Fundamentalmente, en un balasto se distinguen dos componentes: un puente rectificador de onda completa, compuesto por diodos, y un circuito oscilador, que eleva la frecuencia de la corriente de los 50 Hertzios de los tubos fluorescentes habituales a unos valores comprendidos entre los 20.000 y los 60.000 Hertzios.

El circuito rectificador convierte la corriente alterna que llega a la lámpara en continua y el circuito oscilador, que se halla compuesto, básicamente, por transistores, reactancias y condensadores, aumenta de forma importante la frecuencia para eliminar el efecto estroboscópico, de parpadeo, que origina el arco eléctrico que se produce en las descargas en el seno de gases.

Base:es una estructura hueca que sirve para alojar al balasto. En su parte inferior, lleva una rosca, similar a las de las bombillas de incandescencia, que permite conectar la CFL a los correspondientes casquillos.

Las CFL son compatibles con los casquillos tradicionales, no requieren instalaciones especiales y su funcionamiento se inicia con una débil luminosidad, que va aumentando progresivamente. Más caras que sus homólogas de incandescencia, su mayor coste se amortiza rápidamente, dada su mayor duración y su menor consumo, el cual, en igualdad de condiciones, es un 80% menor que el usado por aquéllas.

En lo referente al alumbrado público, también se han diseñado lámparas de sodio de alta presión (SAP), que permiten ahorros energéticos de hasta el 40%, con un bajo coste de mantenimiento.