Adopcionismo

El adopcionismo se encuadra en un intento de avenencia entre el trinitarismo cristiano y la actitud monoteísta del islam y el judaísmo.

Su origen se remonta al año 785 en Toledo. En plena dominación islámica de la península ibérica, el arzobispo toledano Elipando afirmó que Jesucristo era hijo de Dios en su naturaleza divina, pero sólo un hijo adoptado. Elipando se basaba en varias fórmulas y frases utilizadas por los primeros Padres de la Iglesia, especialmente aquellas que se habían referido al problema de la doble naturaleza de Cristo mediante expresiones como homo adoptus.

Así pues, el adopcionismo surge de la complejidad que supone para el entendimiento la doble esencia de Jesucristo: humana y divina. También pudo influir el momento histórico en el que surgió: en plena dominación islámica de la península, algunos postulados del Corán penetraron en la iglesia hispana. Así, Elipando representaba a una congregación eclesiástica de naturaleza mozárabe.

Pero la tesis de Elipando generó mucha polémica, hasta el punto de que el papa Adriano I condenó el adopcionismo. Aun así, Elipando continuó con sus predicaciones, ganando credibilidad entre sus seguidores.

Hacia 790, el adopcionismo fue defendido también por Félix de Urgel, un obispo pirenaico, por lo que se extendió por la frontera hasta el imperio carolingio. Carlomagno intervino contra el adopcionismo para evitar que una herejía debilitase su imperio. De este modo, sus máximos colaboradores religiosos fueron los encargados de solucionar, vía conciliar, el conflicto adopcionista. Las primeras medidas se tomaron en el año 792 en el concilio de Ratisbona, en el que se consiguió que Félix abandonase las posturas de Elipando. Pero, poco tiempo más tarde Félix se estableció en Toledo, desde donde propagó sus tesis.

Dos años después, el adopcionismo fue legalmente condenado mediante la promulgación del Libellus sacrosyllabus. El mismo año, la futura capital imperial, Aquisgrán, conoció el esperado debate entre Félix de Urgel y los sabios de la corte franca, debate que finalizó de la forma esperada: el urgelitano volvió a retractarse de sus errores y desde entonces vivió confinado en Maguncia y en Lyon hasta su muerte en 818. El rastro de Elipando se perdió mucho antes.

Aunque hoy no tengamos muchas noticias, es de suponer que el dominio adopcionista en el ámbito religioso mozárabe fue triunfal, al actuar también como factor de cohesión entre la minoría cristiana que habitaba en territorio islámico.