Absoluto

El término absoluto puede funcionar tanto como sustantivo como adjetivo, y recibió su significación más extendida en la obra de los autores románticos e idealistas, como Schelling o Hegel. Para el ideario de estas corrientes de pensamiento, el adjetivo absoluto se emplea para indicar el carácter no condicional de un fenómeno, de tal forma que algo es absoluto cuando lo es bajo todas las consideraciones, sin ninguna clase de excepción que perturbe su verdad sólida y definitiva.

En este sentido, se puede afirmar que una verdad es absoluta cuando no la cuestiona ninguna clase de duda o cuando no existe ni un solo hecho que cuestione su autenticidad; así, lo contrario a lo absoluto es lo relativo o lo circunstancial. Por otra parte, los mismos autores románticos hablaron del absoluto como sustantivo, que emplearon sobre todo para referirse al dios filosófico, al principio de la realidad, la inteligibilidad o lo existente.

No en vano, mientras el pensamiento de Kant, que considera tanto las estructuras ideales como la materialidad de las cosas, suele conocerse como idealismo trascendental, el propugnado por estos autores se conoce como idealismo absoluto; es decir, un idealismo que no está sujeto a nada salvo a la propia naturaleza de las ideas.

Sin embargo, en su origen, los primeros pensadores griegos y romanos hablaron de lo absoluto en un sentido diferente, que si bien mantiene cierta relación con el concepto idealista, no peca de dogmático. Así, los griegos llamaron kath' autó a aquello que es por sí mismo, a aquello que tiene dentro de sí su propia definición. En este sentido, una línea es absoluta, ya que en su propia existencia se incluye la formulación de su forma de ser; tiene en sí misma su esencia y su ser.

Los romanos, por su parte, hablaron del absolutus, concepto con el que designaban toda aquella realidad o fenómeno que estuviese "suelto", que fuese independiente de las demás cosas, y que en consecuencia tuviese en sí misma su razón de ser.

En cualquier caso, la noción de absoluto ha pasado a la historia de la filosofía con la significación precisada por los autores románticos, y el siglo XX se encargó de remarcar su relación con lo divino, lo originario, lo independiente y lo no relativo.