11-S

11 de septiembre de 2001, fecha en la que se sucedieron varios ataques terroristas sobre diferentes puntos de Estados Unidos y que ocasionaron la muerte de alrededor de tres mil personas. A partir de ese momento, el gobierno del presidente George Bush implantó fuertes medidas de seguridad nacional e inició un amplio plan contra el denominado terrorismo internacional.

Los atentados del 11-S fueron obra de 19 terroristas islámicos que llevaban meses viviendo en Estados Unidos, preparando minuciosamente el plan. Durante su estancia, se movieron en pequeños grupos, vivieron en diferentes ciudades, mantuvieron escaso contacto entre ellos y varios recibieron clases de vuelo para aprender a pilotar aviones. Una vez preparados, en la mañana del 11 de septiembre de 2001, entre las 8 y 9 horas, secuestraron cuatro aviones de diferentes compañías estadounidenses. Dos de esos aparatos se estrellaron directamente contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en la ciudad de Nueva York. Fruto del brutal ataque, los dos edificios apenas resistieron unas horas en pie y terminaron por derrumbarse dejando toda la zona reducida a escombros. Paralelamente, un tercer avión se estrelló contra un ala del Pentágono, en Washington, mientras que el cuarto aparato, que se dirigía a Nueva Jersey, cayó en el estado de Pensilvania, gracias a que los pasajeros se enfrentaron a sus secuestradores. El ataque costó la vida a 2.750 personas en Nueva York, incluidos cientos de policías y bomberos que intentaban evacuar a las personas atrapadas en las Torres Gemelas; 184 en el Pentágono y 40 en Pensilvania, así como la de los 19 terroristas.

El ataque, que conmocionó al mundo entero, demostró fehacientemente la capacidad de destrucción y meticulosidad de la organización terrorista Al-Qaeda, dirigida por el saudí Osama Bin Laden. Éste, que había proclamado la guerra santa contra el imperio norteamericano, ya había protagonizado varias acciones contra intereses de Estados Unidos en Arabia Saudí, Tanzania y Kenia. Tras el atentado, Bin Laden pasó a convertirse en el objetivo principal y prioritario de la administración del presidente Bush. Para ello, el mandatario estadounidense ordenó la invasión de Afganistán en octubre de 2001, país dominado por el régimen talibán y que apoyaba al jefe de Al-Qaeda. Rápidamente, los talibanes fueron expulsados aunque, hasta el momento, no se ha podido capturar a Bin Laden. En el marco de la estrategia contra el terrorismo internacional, el presidente Bush también decidió invadir Iraq en 2003 para derrocar al dictador Saddam Hussein, acusado por la administración estadounidense de tener armas de destrucción masiva y de dar cobijo a células de Al-Qaeda.